¡¡¡Levantemos los ánimos!!! ¡¡¡Vivamos nuestra ciudad!!!

Todo en la vida es actitud, y los seres humanos tenemos que aprender a convivir, disfrutar y contemplar a la NATURALEZA en ésa diversidad de estados de ánimo que tanto la caracterizan -me refiero al clima- con admiración, alegría, entusiasmo y aceptación de nuestra parte, ya que de otra forma poniéndome un poco romántico, la entristecemos o la desilusionamos y nos vamos marchitando nosotros mismos.

Es sorprendente la posición de molestia de muchos de nosotros en éstos días nublados, lluviosos, en momentos fríos; pero días en fin que nos cobijan e invitan a disfrutar de la diversidad de situaciones y de climas por los cambios de temperamento de nuestro hábitat.

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Estoy de acuerdo en que si por situación de salud o de edad, no se puede salir de casa, es muy válido el abstenernos de pasear en éstos días, pero si no nos encontramos en éste caso, salgamos a disfrutar de nuestra CIUDAD no nos entristezcamos más de la cuenta, pongámonos los tenis, corramos, caminemos, montemos nuestra bici, saquemos a pasear al perro, qué se yo ¡¡Levantemos los ánimos!!! ¡¡¡Vivamos nuestra Ciudad!!!

A continuación los dejo con un extracto del libro “Los recuerdos del porvenir” que me agradó en demasía por la forma tan positiva y productiva en que los protagonistas disfrutaron de las “inclemencias” del tiempo.

EXTRACTO:

“…Como si sus palabras hubieran desatado una fuerza misteriosa, un rayo atravesó los cielos y sobresaltó a todo el pueblo: era el primero del año. Los amigos (los niños) se pusieron de pie para escrutar el cielo oscuro. Un segundo rayo lo iluminó.

-¡Va a llover!

Gritaron con júbilo. Se sucedieron dos relámpagos más. Cayeron las primeras gotas gruesas y pesadas. Isabel tendió la mano fuera del techado.

-¡Llueve! -exclamó alegre y miró ávidamente el jardín desgarrado por ese viento súbito que acarrea en mi tierra (nota: la narradora es la ciudad de Ixtepec) a la tormenta. En unos minutos se formaron remolinos de agua que deshojaron a las jacarandas y a las acacias. Las papayas altas se doblaron bajo la lluvia. Los nidos de los pájaros instalados en lo alto de las palmeras cayeron al suelo. El viento pasaba zumbando por los tejados, abriéndose paso entre la lluvia y llevando ramas verdes y pájaros enloquecidos.

Los invitados de doña Matilde callaron. Veían por encima de los tejados, por el cielo abierto del jardín, el trozo de la torre de la iglesia que tragaba uno tras otro a los relámpagos.

-¡Quién habrá inventado el parrarayos? -preguntó Isabel sobrecogida. Desde chica, cada vez que llovía hacía la misma pregunta…

…el viento le llevó los rizos negros a los ojos y a la boca. Los apartó riéndose…

…-¡Digo -gritó para hacerse oír- que esta noche dormiremos con cobija! ¡Va a hacer frío!…

…-¡Hay que hacer algo! ¡Nos cambió la suerte! – gritó Isabel.

-¡Sí! ¡Hay que hacer algo! -corearon sus hermanos.

Nicolás sacó su armónica de uno de los bolsillos del pantalón y entonó una marcha alegre, mientras giraba bailando solo. Isabel se lanzó sobre Juan y los tres bailaron al compás de la música y la lluvia, con aquella facilidad suya para improvisar la alegría.

De pronto, Isabel se detuvo.

-¡Hagamos teatro! -dijo, acordándose de las palabras de Hurtado (una visita) Éste la miró con entusiasmo.

– Sí, ¡hagamos teatro!

Y sin atender a las llamadas de los mayores, el joven se lanzó al jardín seguido de Nicolás. Volvieron los dos con el cabello goteando agua y los rostros lavados por la lluvia. Debajo del brazo, envuelto en una cobija, el extranjero traía un libro que mostró a sus amigos. Lo hojeó despaciosamente. Los demás lo observaron con curiosidad. Isabel leía por encima de su hombro.

-Aquí está el teatro.

-¡Lee en voz alta! -pidió Nicolas.

-¡Sí! ¡Sí! -aprobaron los otros.

Felipe Hurtado se echó a reír y empezó la lectura de una obra.

Por los canales de los tejados caían grandes chorros de agua que acompañaban la voz de Hurtado. Las palabras fluían mágicas y milagrosas como la lluvia. Los tres hermanos lo escuchaban absortos. Ya muy tarde, cuando la lluvia no amenguaba todavía, consistieron en irse a su casa. Hurtado los acompañó. Tenían mucho que decirse esa noche en que por primera vez habían compartido la poesía…”

Este artículo, fué a propósito del clima de éstos días, en el próximo retomo los paseos. Saludos, y no se queden en su casa los fines de semana.

Hasta la vista.

Redacción JC Cavallero / Sep 2013

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