CELEBRACIÓN 200 AÑOS DE LA CATEDRAL METROPOLITANA (visita)

Éste último fin de semana, acudimos prestos y presurosos como buenos católicos a la hermosísima Catedral Metropolitana, con motivo del bicentenario de su inauguración (1813) como La Nueva Catedral, ya que todo lo anterior fué demolido.

Como en pocas ocasiones, nos vimos en la necesidad de prescindir del uso de nuestras bicicletas por motivos de salud; pero eso no impidió que asistiéramos a nuestra acostumbrada cita dominguera con la ciudad, con nuestra historia, y muy especialmente con ese ícono representante de nuestros orígenes, cultura e ilusiones, para festejar junto con ella y con muchos mexicanos su onomástico; el que se va a seguir festejando todo el segundo semestre de éste año; así que estás a tiempo.

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Pensábamos en la interesante y a la vez azarosa y complicada vida de la Catedral, la que vio pasar infinidad de épocas, vidas, almas, rechazos, críticas, malos y buenos gobiernos y guerras, desde la época prehispánica hasta la actual; y al decir prehispánica, lo digo de una manera muy personal y figurada, ya que yo considero a la Catedral como una extensión de los antiguos templos que fueron nuestra cuna primaria; y la que nos sigue amparando como antaño ejercían su labor los recintos religiosos de la gran Tenochtitlán.

Objeto de una mezcla asombrosa y sin igual de estilos arquitectónicos, del paso del tiempo y de innumerables arquitectos, constructores, artistas, trabajadores de la construcción anónimos – a los que nunca se les da crédito – y visitantes, y a pesar de un subsuelo que la rechazaba, aún se mantiene incólume, con una fortaleza de espíritu y con una templanza dignas de una madre que no se deja derrumbar ni amedrentar por las adversidades y que con su níveo manto de amor, ternura e incondicionalidad, cubre a sus hijos y vela sus sueños haciendo caso omiso a los defectos y errores de éstos.

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Pues ése día entramos a misa y recibimos la “Indulgencia Plenaria”; ya que la Catedral está de fiesta, siendo ésa la razón de que se abrieran las “Puertas Jubilares”, las que solamente en ocasiones muy especiales se abren, como en la visita de un Papa o en el fallecimiento de algún Obispo.

Pues después de recibir la indulgencia y la bendición hicimos una breve visita a las hermosas Capillas, nos deleitamos con los retablos y salimos a la plaza mayor -Zócalo – con una sensación de plenitud y bienestar que pocas veces habíamos sentido.Y ya nos sentíamos como diría Neil Sedaka “Stairway to Heaven” acompañados por un trinar de campanas que semejaban un concierto en el mejor foro del mundo.(mis amigos que estén de 60 para arriba en edad, entenderán lo de Sedaka)

Recordé en ésos momentos, a Don Dionisio Bermejillo, ése personaje tan peculiar de la novela de Don Mariano Azuela ” La Luciérnaga ” el que después de perder su camión en un percance en Buenavista y Puente de Alvarado llega todo maltrecho y herido a Catedral, en donde obtiene silencio, soledad, reposo y consuelo bajo las orgullosas columnas y las majestuosas bóvedas y bajo el delirio empieza a alucinar que los ángeles le hacen muecas.

Se me dificulta definirlo y no sé qué sea, pero lo único que sé es que al aceptarnos tal cuales somos; al aceptar nuestros orígenes; al aceptar nuestra situación; al aceptar nuestra naturaleza; al aceptar nuestros errores; al perdonar a nuestros semejantes y al acercarnos a Dios sin dejar de luchar para ser mejores personas y mejorar nuestra vida espiritual y material sin desapego a los principios de honestidad y respeto, en todos sentidos, seremos más felices.

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Nos encaminamos hacia la calle de Madero para desayunar en el café Bertico unas ricas “tortas de huevo a la Cavallëro ” (omelete invención mía), que llevan espinaca, tocino y queso, bañados con salsa roja calientita …mmm… y un buen cafecito y comentar el paseo, para luego caminar hacia el Ángel y sociabilizar en el entorno de la glorieta mientras veía a la niña de mis ojos bailar zumba levitando a un jeme del piso después de haber liberado sus pecados.

Dejo a tu elección la forma en la que quieras vivir.
Gracias por oír mi sentir y que tu visita a la Catedral sea provechosa

Recuerda que existe una técnica para caer de la bici muy parecida a la del Judo. Es importante que la aprendas para minimizar los riesgos. Consíguete el Manual del Ciclista Urbano.

Crónica y redacción JC Cavallëro / Agosto 2013

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