Calle de Donceles (semblanzas)

Cómo han estado mis amigos? Espero que bien y que ya estén llevando a cabo sus paseos turísticos por ésta hermosa ciudad montados en éste medio de transporte tan noble, limpio, edificante y económico como lo es la bicicleta ( no come, no usa aceite, no usa gasolina, no usa agua, no te reclama ni se pone celosa de los nuevos modelos y siempre te espera hasta que llegues por ella – a menos que te la roben claro ).

Después de un fabuloso y tradicional desayuno – chilaquilitos con pollo, delicioso pan y un reconfortante café –  en el mítico café “La Blanca” ( en donde desayunaba el intelectual y beatnik John Ross q.e.p.d ) en la calle de 5 de Mayo, ya que necesitábamos recargar energías después de una buena pedaleada en la bici, nos dimos a la tarea – hermosa tarea que no cambio por nada – de emprender el recorrido de una de las calles más disímbolas de la ciudad de México en los aspectos culturales y comerciales, como lo es la calle de Donceles, que aunque es una de las más representativas de la cultura, la arquitectura  y el folklor nacional, fué un lugar en donde se dieron los extremos entre la cultura, la ignorancia, la riqueza, la pobreza,  el ocio y la diversión – y lo digo con el orgullo de ser mexicano, ya que todo ésto nos formó como nación – , ya que fué y sigue siendo un sitio en el que a diferencia de las calles más representativas del centro histórico, como son Madero, Tacuba, 16 de Septiembre ó 5 de Mayo, han convergido y habitado durante mucho tiempo gentes de distinta condición social, como vagos, artesanos, vendedores de libros usados, estudiantes, escritores, políticos, intelectuales libres y no libres, teporochos y todo tipo de personajes urbanos que te puedas imaginar.

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En épocas pasadas, transitaban por ésta calle, gran cantidad de canoas cargadas con frutas, legumbres y flores, debido a que casi todas las calles tenían acequias y canales, por lo que éste medio de transporte floreció, dándole un colorido y un ambiente excepcionalmente particular al comercio en la gran ciudad.

La calle Donceles, toma su nombre – según Marroquí – por haberse avecindado en toda ésa línea, los nobles que llegaron de conquistadores y pobladores, fundando títulos o mayorazgos en la nueva, majestuosa y señorial  ciudad de la Nueva España

En éste lugar, la riqueza y la pobreza han convivido siempre juntos y se nota en los comportamientos, costumbres, lenguaje, arquitectura y estilos de vida diferentes.

Lo anterior, se debió a que la ciudad creció desordenadamente durante los siglos XIX y XX, experimentando un crecimiento que eliminó las anteriores fronteras de Tenochtitlán y la ciudad colonial; creciendo para las clases pudientes hacia el poniente;  hacia el norte, oriente y sur, crecieron los “barrios de indios”, llamados así desde la conquista, quedando la calle de Donceles colindando al norte y al oriente con dichos barrios y parte del sur (zona intermedia culturalmente hablando) con arrabales y sitios de prostitución y vicio, como pasó con la calle de Regina recuperada a últimas fechas y de la que hablaremos después.

Entonces, Donceles quedaba, como muchas zonas, en el centro de los sitios de tolerancia , como el área de Tepito, la Ciudadela, los barrios de Tlatelolco y el área de la Lagunilla al norte;  el área de la calle de López (antiguamente Espalda de San Juan) al poniente; la misma calzada San Juan de Letrán;  al oriente la zona llamada de la Rumba ( el área de Circunvalación) tan citada en la novela de Ángel del Campo alias “Micro’s” ; y al sur, el área de Las Vizcaínas, estando unidas estas zonas por la ya mencionada  San Juan de Letrán (actual Eje Central) que unía a la mayoría de los lugares de vicio y por la que tanto circuló el Insigne Salvador Novo (ex-cronista de la ciudad) q.e.p.d. y la que era uno de sus amores.

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Yo le llamo a esta calle “La calle de los teatros, del ocio, del vicio, de la cultura y de la ignorancia”, ya que igual puedes asistir a una función teatral o show de altura en el Teatro de la Ciudad o el Colegio de San Ildefonso, el primero anteriormente Teatro Xicoténcatl que fué demolido para construir el Teatro Iris  ( Esperanza Iris ) y fué inaugurado por Venustiano Carranza el 25 de mayo de 1918; el segundo, una magnífica construcción hermosísima, vibrante y a la vez apacible y serena que te transportará con sus exposiciones de todo tipo y verbenas, a otros tiempos, dando rienda suelta a tus nostalgias y en el que puedes admirar vitrales hermosísimos así como murales de José Clemente Orozco; ó recorrer como algunos intelectuales ó cronistas las librerías de libros usados o nuevos como la Librería Porrúa ó asistir al teatro Frú-Frú (teatro de revista),  antes teatro Mexicano, un lugar donde apreciar el destape sexual era y sigue siendo modus vivendi de diversión de muchos mexicanos, en un marco de exceso de decoración Art Deco y en donde la misma dueña del lugar Irma Serrano “La Tigresa” apareció desnuda, luciendo su hermoso cuerpo admirado por más de uno en sus buenas épocas (todo se acaba). Por éso le digo a mi varita de nardo con nuditos que no se tarde y de una vez me haga el Ztryp tys.

Bueno ya me estaba saliendo del tema. También puedes asistir al Teatro Blanquita sobre el Eje Central, ó admirar la construcción del edificio de la Cámara de Diputados que desde 1987 es sede del poder legislativo y que fué construído en el lugar donde estuvo el Teatro Iturbide de 1856 a 1910 y que fué el primer teatro que contó con una instalación de luz, de gas y al que asistía el presidente de la República Ignacio Comonfort.

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En fin, Donceles es parte de nuestra cultura y debemos de poner todos de nuestra parte para preservarla como está, ya que contiene una cantidad abrumadora de acervo cultural.

En próximo artículo te platicaré de muchas de las atracciones de la calle que nos ocupa, pero mientras tanto, te voy a recomendar que en cuanto puedas te lances a desayunar -ó a lo que quieras- al Restaurant El Mayor, en la terraza del Edificio de la librería Porrúa, exactamente detrás del Templo Mayor sobre Justo sierra (continuación de Donceles) esquina con República de Argentina; se desayuna, se come y se cena exquisito, a precios aceptables y con una vista incomparable del Templo Mayor que no tiene ninguna terraza del Zócalo. Si eres amante de tu historia, lánzate y no te arrepentirás.

Antes de despedirme, quiero citarte una línea de un poema de “Lorenzo el Magnífico” que fué uno de los impulsores del estilo renacentista en la arquitectura en Florencia, Italia en el siglo XV:

“Quant’e bella giovinezza, che si fugge tuttavia chi vuol esser lieto sia; di doman’ non c’e’ certezza”.

 “Cuán bella es la juventud que se nos va. Quien quiera ser feliz que lo sea, pues el mañana es incierto”.

Así que aprovecha el tiempo para conocerte a tí mismo a través de la historia de tu ciudad, antes de que se te vaya la juventud.

Te recomiendo que consigas el “Manual del Ciclista Urbano” de la Ciudad de México, ya que es importante que conozcas las reglas para circular, pues resulta muy peligroso el circular sin estar bien informado.

Hasta la vista

Crónica y redacción JC Cavallëro / Junio 2013

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