Calle de tacuba – Centro Histórico (semblanzas)

En los últimos años de la turbulenta década de los años 60’s, con las revueltas juveniles en todo el mundo, de las juventudes, pidiendo ser escuchados; la lucha por los derechos civiles de Martin Luther King y los panteras negras de Malcom X; la crisis de los misiles rusos en cuba; la muerte de John F.K; la matanza de tlaltelolco del 68; la celebración de los juegos Olímpicos y el surgimiento de The Beatles, y todavía en los 70’s , mi señor padre – qepd- tenía la atenta costumbre – como todos los jefes de familia de la época, de enviar al domicilio de cada amistad o familiar, tarjetas personalizadas con los buenos deseos para Navidad y Año Nuevo. Es una lástima que una acción como ésa, que tanto unía a las familias se perdiera, dejando sin oportunidad a los jóvenes de disfrutar de las navidades y el año nuevo como antaño, y te voy a decir porqué.

Todos los noviembres de cada año, a fines o a mediados del mes, esperaba ansiosamente que mi padre – con su agenda en la mano para dictarme (porque no existían las super agendas electrónicas de ahora) – me pidiera – también a mis hermanas – que le ayudaramos a plasmar el remitente y el destinatorio en los sobres – eran cerca de 200 – y luego introducir las tarjetas en los sobres y cerrarlos. Dichas tarjetas de felicitación y buenos deseos las escogían mis padres días antes y generalmente se las imprimían en la Plaza Santo Domingo. Cuando llegaba éste momento, yo ya me sentía inmerso en el ambiente navideño que tanta ilusión nos generaba a los adolescentes de la época ( me estoy poniendo nostálgico).

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Al día siguiente, generalmente de un fin de semana, nos dirigíamos a la oficina de Correos en la calle de Tacuba – El Palacio Postal –, timbrábamos cada sobre y los introducíamos en el buzón provocando en mí una patética sensación de felicidad – y sin ninguna retribución, más que las gracias – que me duraba toda la temporada.

Después de haber cumplido la misión – porque a mí se me hacía como si hubiera enviado por buzón los secretos del Pentágono – desayunábamos ó almorzábamos – a veces en familia y otras sólo él y yo – en alguno de los cafés de la calle de Tacuba, de 5 de Mayo ó Madero, ya fuera en el “Sanborns de los Azulejos”, en “La Blanca” ó el “Café Tacuba” – cuando había lana, porque si nó, nos íbamos a la Lagunilla – como los Burrón – en el Ford Mercury 59, ya que a mis papás les encantaba ir a curiosear.

Por ésa razón quize hacer éste artículo, ya que tengo muy buenos recuerdos de la calle de Tacuba, antiguamente Tlacopan, por la que se paseaba en sus tiempos Moctezuma con sus guerreros y sacerdotes y por donde el 30 de junio de 1520 en una  noche fría y lúgubre – éso dicen algunos  ya que más fea no la pueden poner – los españoles huyeron al ser derrotados por los aztecas en la llamada “Noche Triste”.

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Ésta calle de Tacuba, parte del espacio que forman el Empedradillo (calle Monte de Piedad) y el lado poniente de Catedral, que se conocía con el nombre de Plazuela del Marquéz del Valle, y que es en donde se encuentra el paradero de los Turibuses, y llega hasta el eje central, siendo aprox 1 km de un maravilloso recorrido. La antigua calzada, en los tiempos de la conquista pasaba por lo que es la Av. Hidalgo, Puente de Alvarado y Rivera de San Cosme hasta la Av. México Tacuba. Pero en fin, vamos a enfocarnos en ése maravilloso kilómetro de sorpresas.

En lo personal, me encanta ésta calle, por lo arbolada que es – más que Madero y 5 de Mayo –  y que  sus construcciones conservan aún un aire del virreynato.

En ésta calle, existen infinidad de atractivos, como la Biblioteca del Heroico Congreso de la Unión – lo que era la Capilla de la Purísima Concepción – , en donde, cuenta la leyenda, que un tal Remigio Cerdeño fué apuñalado 3 veces en el pecho por Juan Lemus en el interior de la capilla, abriéndose paso entre la muchedumbre,  ya que el primero acosaba a su esposa, mujer de muy buen ver, lo que provocó enorme alboroto entre la sociedad de la época.

El antiguo Hospital de San Andrés – ahora MUNAL – fué donde Joaquín Fernández de Lizardi,  “El pensador mexicano”, escribió su Epitalamio estando preso- ya que en una época se usó como cárcel – y el cual surgió en su mente como venganza contra Doña Pepita González , sus tres inmirables hijas y el juez de letras Teobaldo Lebrija, por haber sido expulsado por éstos, por falta de pagos, del cuarto que le rentaba  la voluptuosa Doña Pepita.

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El Museo del Heroico Colegio Militar, que ántes fué la Capilla del Convento de Betlemitas, y en donde se daba instrucción a los jóvenes, asilo a los desamparados y atención a las mujeres honestas.

La teoría de los padres Betlemitas, o de los hermanos de Belén, era la más sencilla, la más admirable y la más humanitaria del mundo; “La letra con sangre entra.” Todas las tiernas madres, se habían apresurado a aprovecharse de la maravillosa invención, y acudían en tropel a hacer que las posaderas de sus adorados hijos recibieran ese bautismo y que les entrara el saber por una parte absolutamente distinta del cerebro.

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Pienso que ya me estoy desviando mucho, pero creo que es importante darnos una idea de la mentalidad de la sociedad en aquellas épocas respecto a la educación:

“Plática entre Pascasio José Aguirre Vengurren y el padre Rodrigo” . . . bien, bien padre Rodrigo, ¿ en cuánto tiempo puede usted enseñar a escribir a éste mancebo? . . .Como tiene buenas espaldas, y buenas posaderas en qué resistir los azotes, creo que podré enseñarlo en tres años. Oh sí, muy bueno padre . . . no podría mi padre Rodrigo enseñarle en año y medio?   ¿Cómo? preguntó el padre Rodrigo. . . . Azotándolo dos veces al día en vez de una.  Sabe usted amigo Vengurren que es buena idea?  No había ensayado ése método, pero experimentaremos con Fulgencio y con todos los muchachos que sus padres quieran que aprendan en menos tiempo.( Extracto del libro “El hombre de la situación” de Manuel Payno/Alfaguara ).

En fin, como verás de cada atracción sobre la calle de Tacuba existen anécdotas como éstas y el relatarlas en éste espacio sería imposible, así que espera mis siguientes artículos de la calle de Tacuba, pero mientras agarra tu bici y lánzate al centro, que te está esperando.

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